El arte odia la democracia.

Un tiempo que no sea un flujo de conciencia, sino el flujo en el que las formas de conciencia salen a la superficie y se hunden.

La filmografía de Christopher Nolan es más (y menos) que las ocho películas que filmó

Tal vez el mejor ejemplo de que todo es más y a la vez menos que la interacción de sus componentes: la especulación con la temporalidad, las monólogos fuera de cámara, los ángulos raros, el estilo de indumentaria new-wave y las cajas con secretos no alcanzan a explicar la transición de Following (1998) a la historia del justiciero millonario en campaña contra las armas de fuego. Nolan renunció a tener una filmografía, pero en algún universo paralelo podría tenerla perfectamente.

Pero, ¿por qué el odio a los dandies? El arte por el arte puede ser una superstición, entre tantas, y una malcomprensión del carácter enigmático de la obra de arte. Sus predicadores pueden ser oportunistas o embusteros, y difícil que sean los únicos. El subjetivismo, en definitiva, puede ser un problema, pero asimismo es más general que el flagelo de los estetas, ya reprendido por la filosofía muchas veces.

El camino a la libertad es también, esencialmente, el camino del sujeto al objeto.

Hasta los eventos ancestrales que recién ahora llegamos a conocer de las estrellas más lejanas caen en la lista de víctimas del dominio. Lo que ocurrió hace quinientos millones de años en otra galaxia ocurrió por las relaciones sociales.

La galaxia empequeñece al cerebro al alejarse de él.

El esteticismo no fue solo flores raras y licores exóticos, de la misma manera el hip hop no fue solo armas de plástico y cadena de oro.

La política es la actividad recursiva por antonomasia.