Una naturaleza de plástico artesanal

Por Claudio Iglesias para Perfil (21 de marzo de 2010)

La ornamentación, las morfologías florales y las enredaderas son algunos de los aspectos salientes de Natural, la muestra de Fabián Bercic en la galería Ignacio Liprandi, que con esta exhibición inaugura su espacio en el barrio de Congreso. El artista (nacido en Lanús en 1969) presenta tres piezas murales (una pintura-objeto y dos esculturas en resina) y una pequeña fotografía cuyo protagonista es un muñeco de plástico. En todas las piezas se revela un equilibrio entre tres órdenes de conceptos y significados conflictivos: la naturaleza, entendida como el espacio de lo increado y de lo sagrado; la industria, subyacente a los materiales empleados (resina polyester y pigmentos plásticos) y a las terminaciones impolutas, propias del diseño de productos; y, por último, el hacer artesanal. Pues los objetos de Bercic, a pesar de su look & feel industrial y seriado, surgen de largos meses de trabajo manual, solitario y silencioso en su taller del barrio de Flores. Esta confluencia entre el aspecto de producto masivo y una forma de elaboración lenta y trabajosa (más propia del monje que del escultor contemporáneo) podría parangonarse con un encuentro posible entre el minimalismo americano de los sesenta y el arte argentino de los noventa. En Bercic hay tanto de uno como de otro elemento: las piezas tienen un rendering casi anónimo y no parecen hechas por manos, a la manera de los trabajos de Donald Judd, Dan Flavin y compañía; pero los arreglos visuales de sus ramas y flores de resina conservan algo del gusto por la rareza y la sugerencia que movía a los escultores del Rojas, como Jorge Gumier Maier y Omar Schiliro, ellos también afectos a las serpentinas y los arabescos. A medio camino entre la escultura y el mural, las piezas despliegan sobre las paredes las formas curvas y suaves de un cálice o un brote que surge de un tronco, en un lenguaje que, por sus colores pastel y su lisura, recuerda tanto el diseño de jardines como el estilo de los Pin&pon y otros juguetes vintage. En un trabajo anterior, para el Blanton Museum de Austin, Bercic realizó un jardín zen de resina. El carácter profano del material del cual están hechos, en buena medida, los centenares de millones de baratijas que se producen a diario en la economía contemporánea era utilizado, sin embargo, para plasmar imágenes semiatemporales: escenas de un mundo pacífico, capaz de vivir a otro ritmo y en otra escala de producción. En esa ocasión, el crítico y curador Gabriel Pérez Barreiro comparó la “disciplina creativa” de Bercic (que dedica largas horas a cada centímetro cuadrado de resina) con el rastrillado de grava que efectúan los monjes en los jardines zen: una actividad monótona y finalmente invisible, cuya meta verdadera es pulir la interioridad del artífice. En la diversidad de tópicos y elementos que recorre la producción de Bercic, este encuentro mítico entre lo natural, lo artesanal y lo industrial tiene una contraparte antropológica. En su manera de pensar y de ver, conviven materiales culturales tan dispares como pueden serlo el animé y el diseño gráfico japonés, los libros de horas medievales, James Turrell y León Ferrari. Lo profano, lo sagrado y lo kitsch se vuelven indiscernibles. El plástico, verdadera argamasa de la sociedad de consumo, aparece entonces como un elemento proteico y cuasimágico, capaz de tomar la forma de infinidad de universos, incluso de aquellos que parecen encontrarse más distantes de la cultura occidental contemporánea.

1 year ago