MDF Zombie (Todos los displays del mundo)

Texto escrito para FOREWORD CUBISTA, muestra de Script (Cecilia Szalkowicz, Gastón Pérsico, Mariano Mayer) en Espacio Abisal, Bilbao.

Las relaciones entre la antropología y el display llevan larga data. Desde los escaparates parisinos del Segundo Imperio hasta los ejemplos canónicos de crítica institucional, visibilizar los formatos de presentación se fue convirtiendo en una tarea crecientemente obsesiva para la cultura occidental. Las angustias sociales del presente no son ajenas a esta ola de display-centrismo y sus manifestaciones se expanden mucho más allá de las salas de exhibición. Si bien es dudoso que queden restos de algo inexhibible en nuestra sociedad ebria de experiencias e imágenes, sin dudas nos preocupamos por la morfología del display por el modo en que colapsa: ¿qué sucede con esas armazones circulares en las que giran los automóviles en los stands comerciales, con las maquetas a escala de los desarrollos inmobiliarios, con las escenografías, con las toneladas de muebles ocasionales de cualquier freeshop, con el poliuretano martirizado de cada feria que se desarma? Hoy no sabemos de dónde vienen ni a dónde van las cosas; no sabemos qué les ocurre antes ni después de ser consumidas. Como los perifrásticos edificios liberty ocultaban sus tanques de agua e instalaciones mecánicas bajo un telón de ornamentos, nuestra cultura de la distribución es pudorosa: requiere capas y capas de display por doquier. El expansivo ciclo económico de los últimos años pareció arrastrar así enormes cantidades de material de montaje; de ahí que el armatoste movido por la circulación gane un cierto protagonismo inercial, como un corsé gigante que rueda en un camino vacío.  

Extendiendo una formulación de Walter Mignolo, podría decirse que nuestras sociedades han puesto el carro delante del caballo y la rueda de exhibición delante del carro que debía ser exhibido. A tal punto que los mecanismos de display abandonados se erigen como la imagen apocalíptica del presente por excelencia, del mismo modo como las imágenes de fábricas y viviendas abandonadas signaron el declive del modernismo comunista (Chernobyl, ejemplarmente). Hoy en día los sistemas de display se sitúan a la vanguardia del residuo, con una cara sobre la civilización que queda atrás y otra sobre el enorme pozo de brea del futuro. Una enciclopedia del display contemporáneo debería poder abarcar la Gran Sopa de Plástico del Pacífico y su muestrario de obsolescencias, disfuncionalidades y mutaciones (tomando en cuenta la volatilidad del bifenol-A, puede que varias especies animales ya contengan un alto nivel de formatos exhibitivos en sangre).  

Es posible que los campeones del minimalismo estadounidense no hayan tomado en cuenta, en su momento, los efectos de los materiales y problemas que promovieron, al jugar por igual con los formatos de exhibición del momento y con los nuevos productos de la industria petroquímica (resinas, plásticos, acrílicos, etc.). Sus trabajos, en este sentido, son primos cercanos de de los detergentes, el DDT y el Agente Naranja. Representan la etapa de la contención de la Guerra Fría (recordemos la imagen de los enromes malls de Vietnam del Sur, “más grandes que Bloomingdale” al decir de Stanley Karnow) del mismo modo como la Escuela de Nueva York encarnó el sueño de libertad y democracia cifrado en el Plan Marshall. Pero los minimalistas no supieron que el futuro estaba tan cerca. El nuevo orden que encarnaban aquellas monumentales piezas de acabado anónimo dejó paso a una etapa marcada por olas ingobernables de hipersaturación, complejidad e incertidumbre. No nos movemos entre ordenadas filas de productos, sino entre sombras de cartón y zombies de mampostería.

1 year ago
  1. claudioiglesias posted this